📖 Cuando no sepas que hacer, no hagas nada. (cuentos cortos de la India)

¡Muy buenos días!

Acabamos el año con un cortito pero muy bonito e interesante cuento de la filosofía budista. Espero que te guste.

 

Buda y sus discípulos emprendieron un largo viaje durante el cual atravesarían diferentes ciudades. Un día muy caluroso, divisaron un lago y se detuvieron, asediados por la sed. Buda le pidió a su discípulo más joven, famoso por su carácter impaciente. 

– Tengo sed. ¿Puedes traerme un poco de agua de ese lago? 

El discípulo se dirigió hacia el lago pero cuando llegó, vio que justo en ese momento, un carro de bueyes estaba atravesándolo. Como resultado, el agua se volvió muy turbia. El discípulo pensó: “No puedo darle al maestro esta agua fangosa para beber”. Así que regresó y le dijo a Buda: 

– El agua del lago es muy fangosa. No creo que podamos beberla. 

Al cabo de media hora, Buda le pidió al mismo discípulo que volviera al lago y le trajera un poco de agua para beber. El discípulo regresó al lago. Sin embargo, para su pesar, descubrió que el agua seguía sucia. Regresó y se lo dijo a Buda, esta vez con tono concluyente: 

– El agua de ese lago no se puede beber, será mejor que caminemos hasta el pueblo para que los aldeanos nos den de beber. 

Buda no le respondió, pero tampoco se movió. Al cabo de un tiempo, le pidió al mismo discípulo que regresara al lago y le trajera agua. El discípulo se encaminó al lago porque no quería desafiar a su maestro, pero se sentía furioso de que lo enviara una y otra vez al lago, cuando ya sabía que aquella agua fangosa no se podía beber. Sin embargo, cuando llegó, el agua era cristalina. Así que recogió un poco y se la llevó a Buda. Buda miró el agua, y luego le dijo a su discípulo: 

– ¿Qué hiciste para limpiar el agua? 

El discípulo no entendía la pregunta, era evidente que no había hecho nada. Buda le explicó:

– Esperas y la dejas ser. Así el barro se asienta por sí solo, y tienes agua limpia. ¡Tu mente también es así! Cuando se perturba, solo tienes que dejarla estar. Dale un poco de tiempo. No seas impaciente. Encontrará el equilibrio por sí misma. No tienes que hacer ningún esfuerzo para calmarla. Todo pasará si no te aferras. 

 

FIN

 

Espero que te haya gustado, este sabio cuento, y te resulte útil. Recuerda que tienes un montón de ideas y recursos para personalizar tus sesiones de yoga infantil  enlazando aquí .

Y si te gustaría aprender más , para impartir clases de yoga para niñ@s, adolescentes y yoga en familia, infórmate de nuestro curso online aquí.

También puedes suscribirte aquí para recibir todos estos recursos gratuitos cómodamente en tu email, sin perderte ninguno.

Gracias por acompañarme una vez más. Puedes dejar tus comentarios más abajo.

¡Namasté!¡Qué seas muy feliz! 💜

 

 

 

 

Miriam Alcántara, fundadora y formadora Yoga Kids & Family

Deja un comentario